בתנאי

El voto a la luz de la halajá

La halajá es la ley judía. Rabinos a quienes respetamos han dictaminado que votar en las elecciones a la Knéset es una obligación religiosa absoluta. A continuación están los argumentos que presentan, cada uno explicado desde el principio, con nuestras respuestas. Las fuentes y los detalles legales más finos están en las notas al pie de la página.

  1. ¿No es el voto una cuestión de vida o muerte?
  2. Pero ¿los resultados no están en manos del Cielo, y no en las nuestras?
  3. ¿El judío que no vota no ayuda al otro lado?
  4. ¿No es correcto ceder una parte para salvar el todo?
  5. ¿No es esto confiar en un milagro?
  6. ¿No ayudará esto a que gane la izquierda?

¿No es el voto una cuestión de vida o muerte?

En la ley judía, salvar una vida (pikúaj néfesh) tiene prioridad sobre casi todos los demás preceptos: para salvar una vida se quebranta el Shabat y se come en Iom Kipur.1 Quienes dicen que votar es obligatorio se apoyan en esto. Incluso una pequeña posibilidad de que un solo voto decida quién gobierna, sostienen, es una posibilidad de salvar vidas y tierra, y por eso obliga a todo votante.

Estamos de acuerdo en que lo que está en juego en esta tierra es la vida. Precisamente por eso tenemos que preguntar qué hace realmente el voto.

Vea cómo se argumenta la obligación: hay que votar por su resultado, para evitar daño al pueblo judío y fortalecer a quienes probablemente harán el bien. Una obligación que se apoya en un cálculo de resultados no puede prohibirnos hacer el cálculo. Y los resultados están escritos. La devolución del Sinaí, el acuerdo de Hebrón, el desarraigo de Gush Katif y la suspensión de la soberanía fueron todos llevados a cabo por gobiernos que el público de derecha eligió para impedirlos.2

Pero ¿los resultados no están en manos del Cielo, y no en las nuestras?

Este argumento viene de un relato del Talmud.3 El rey Ezequías cayó gravemente enfermo, y el profeta Isaías vino a decirle que moriría, porque se había negado a casarse y tener hijos. Ezequías explicó que había visto, por inspiración divina, que sus hijos no serían dignos. Isaías le respondió: ¿para qué te metes en los secretos del Misericordioso? Haz lo que se te ordenó, y que el Santo, bendito sea, haga lo que le agrade.

Aplicado al voto, el argumento dice: no calcule a qué llevará su voto. Los resultados pertenecen al Cielo; su deber es votar.

Pero tener hijos es un precepto en sí mismo; vale sea cual sea el resultado. Ningún versículo ni ningún pasaje del Talmud ordena votar; incluso quienes lo declaran obligatorio derivan el deber de lo que logra, así que lo que logra es exactamente lo que debemos sopesar. Y lo que sopesamos no es una visión profética de cosas ocultas. Son más de cuarenta años de registro público que cualquiera puede leer.

¿El judío que no vota no ayuda al otro lado?

El argumento es este: cada voto que usted no da a su propio lado hace que los votos del otro lado cuenten más. A veces se dice que el judío que se queda en casa pone dos papeletas en manos de cada enemigo que vota.

Para un hombre que se queda en casa solo y no dice nada, puede que sea así. No es lo que proponemos. Una comunidad que anuncia en público, antes de las elecciones, que sus votos irán solo a una lista que firme, no le entrega una papeleta a nadie. Niega su aprobación, abiertamente y con condiciones declaradas.

Y ya hemos visto qué se hace con los votos dados por miedo. En 1978 el primer ministro Menajem Begin firmó los Acuerdos de Camp David y aceptó devolver a Egipto toda la península del Sinaí. Los opositores a la retirada fundaron un partido nuevo, Tejiyá, para detenerla. En las elecciones de 1981 muchos que pensaban votar por Tejiyá se pasaron a último momento al Likud de Begin, por miedo a que ganara el Alineamiento (laborista). Tejiyá obtuvo tres escaños. Poco después, el diputado del Likud Roni Milo anunció ante la Knéset que el debate sobre Camp David había terminado. Los votos dados para frenar a la izquierda se contaron como aprobación de la retirada, y en abril de 1982 la ciudad de Yamit, en el Sinaí, fue demolida.4

¿No es correcto ceder una parte para salvar el todo?

En cada elección se le ofrece al votante el mismo trato: dennos una parte, o el otro lado se lo lleva todo. En 1997 la parte fue Hebrón; en 2005, Gush Katif; en 2020, la soberanía. Cada vez nos dicen que, si nos plantamos, el otro lado se lo llevará todo; ahora, toda Judea y Samaria.

La ley judía ya decidió sobre un trato de esta forma. La Mishná, la recopilación autorizada de la Ley Oral que ordenó Rabí Iehudá HaNasí hacia el año 200, describe a unas mujeres judías a las que amenazan unos no judíos: “Dennos a una de ustedes y la profanaremos; si no, las profanaremos a todas”. El dictamen: que sean profanadas todas, y que no entreguen una sola alma judía.5

Justo antes, la Mishná trata un caso menor: unos panes de terumá, alimento sagrado apartado para los sacerdotes, de los que unos no judíos exigen uno para volverlo impuro. Sobre los panes, los sabios discrepan, y la ley sigue la opinión indulgente de Rabí Iehoshúa; pero incluso él solo permite dejar uno sobre una roca, donde puedan tomarlo, y nunca ponérselo en la mano. Sobre las mujeres, todos coinciden en que no se puede entregar a nadie.6 Quienes dicen que ceder territorio cuesta vidas judías lo han colocado ellos mismos, según su propio razonamiento, junto a las almas, no junto a los panes.

Maimónides, cuyo Mishné Torá fue la primera obra que abarcó toda la ley judía, dictamina lo mismo ante una amenaza de muerte, siguiendo el Talmud de Jerusalén: si le dicen a un grupo “Dennos a uno de ustedes y lo mataremos, o los mataremos a todos”, deben morir todos antes que entregar a nadie.7 Admite una sola excepción: un hombre determinado, al que nombran, que es él mismo culpable de un delito castigado con la muerte, como en el relato bíblico de Sheva ben Bijrí, un rebelde contra el rey David al que la ciudad donde se había refugiado, Abel Bet Maacá, entregó a Joab, el general de David, para salvarse. Aun así, Maimónides añade que no se instruye a la gente a hacerlo de antemano.8

Quienes llaman al voto una cuestión de vida o muerte deberían aplicar aquí también la ley sobre las vidas. Lo que se nos quita por la fuerza, quitado está. Lo que entregamos con nuestros propios votos, lo hemos entregado.

¿No es esto confiar en un milagro?

La Mishná pregunta cuándo puede volver a casarse una mujer cuyo marido desapareció. Si él cayó al agua y nunca se lo vio salir, Rabí Meír sostenía que ella no puede volver a casarse, aunque el agua tuviera una orilla visible, y citó a un hombre que cayó en una gran cisterna y salió con vida tres días después. Los sabios le respondieron: no se citan hechos milagrosos, y la ley sigue a los sabios.9 La ley se construye sobre lo que sucede normalmente, no sobre el rescate excepcional.

El milagro en estas elecciones es esperar que esta lista, esta vez, no ceda, después de todo lo que hemos visto. El compromiso no se apoya en un milagro. Se apoya en un mecanismo: un voto que solo se da a cambio de una firma, y un compromiso que se puede comprobar en una fecha.

¿No ayudará esto a que gane la izquierda?

Las grandes retiradas de lugares donde se habían asentado judíos las llevó a cabo la derecha: Begin cedió el Sinaí, el gobierno de Netanyahu concluyó el acuerdo de Hebrón y él firmó el de Wye, Sharón arrancó Gush Katif. Cada una la llevó a cabo un líder al que ese campo había elegido, y a ese campo se le dijo que siguiera votando por su lista.10

El compromiso entra en vigor solo cuando lo hayan firmado 40.000 personas, y se aplica a partir de las primeras elecciones posteriores. Hasta entonces, cada uno vota como quiera. Lo que construye es un bloque cuyo voto no está garantizado de antemano, y cualquier lista, de cualquier lado, puede ganarlo con una firma.

Fuentes y notas

  1. Para Shabat: Iomá 85a–b; Shulján Aruj, Óraj Jaim 328–329. Para Iom Kipur: Mishná Iomá 8:5–6 (Iomá 82a–83a); Óraj Jaim 618. Hay tres prohibiciones que no se pueden transgredir ni siquiera para salvar una vida: la idolatría, las relaciones prohibidas y el asesinato (Sanedrín 74a). ↩
  2. Cada hecho, con sus fuentes, figura en “Por qué votamos, y qué recibimos”, en la página principal. ↩
  3. Berajot 10a. Las palabras de Isaías en el arameo original: בהדי כבשי דרחמנא למה לך? מאי דמפקדת איבעי לך למעבד, ומה דניחא קמיה קודשא בריך הוא לעביד. El precepto que Ezequías dejó de cumplir es pru urvú, “creced y multiplicaos”. ↩
  4. Jagai Segal, Yamit, Sof, p. 43. Tejiyá se fundó en 1979; la retirada del Sinaí se completó en abril de 1982. ↩
  5. Mishná Terumot 8:12: וכן נשים שאמרו להם נכרים: תנו אחת מכם ונטמא, ואם לאו הרי אנו מטמאים את כולכם, יטמאו את כולן ואל ימסרו להם נפש אחת מישראל. ↩
  6. Los dos sabios son Rabí Eliézer y Rabí Iehoshúa (Terumot 8:11). Rabí Ovadia de Bartenura (c. 1445–1515) escribe sobre los panes: והלכה כרבי יהושע, y sobre las mujeres: ובהא מודו ר״א ור״י, “en esto coinciden Rabí Eliézer y Rabí Iehoshúa”. ↩
  7. Maimónides (Rambam, 1138–1204), Mishné Torá, Leyes de los Fundamentos de la Torá 5:5; su fuente es el Talmud de Jerusalén, Terumot 8:4. Véase también Shulján Aruj, Ioré Deá 157:1, donde el Remá recoge opiniones más indulgentes sobre un hombre al que el enemigo nombra. ↩
  8. Sheva ben Bijrí: II Samuel 20:14–22. Maimónides: ואין מורין להם כן לכתחלה, “y no se les instruye así de antemano”. ↩
  9. Mishná Iebamot 16:4. La respuesta de los sabios, אין מזכירין מעשה נסים, está en el Talmud sobre esa mishná, Iebamot 121b; el dictamen, Iebamot 121a. ↩
  10. Acuerdo de Hebrón: enero de 1997. Memorando de Wye River: octubre de 1998. Desconexión de Gaza y del norte de Samaria: agosto de 2005. Fuentes en “Por qué votamos, y qué recibimos”, en la página principal. ↩

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